El Dios Eros me Hace Suyo

Publicado el 3 de febrero de 2026, 20:50

A veces, para contener ciertos impulsos, conviene salir a caminar.
Paca me acompaña. Avanzamos entre abedules, despacio, como si el tiempo no tuviera prisa.

La vida, sin embargo, siempre se las arregla para insinuarse.
Una presencia. Una mirada. Un gesto apenas perceptible.
Y basta poco para recordar que el deseo existe.

Eros no es desorden.
Es energía.

No irrumpe para destruir, sino para mover lo que estaba quieto.
Da calor cuando el invierno se alarga.
Empuja a cruzar umbrales que creíamos clausurados.

A veces pienso que el deseo es un combustible más eficaz que la gasolina:
no mueve máquinas, mueve cuerpos por dentro.
Desplaza certezas. Descoloca rutinas.
Nos recuerda que seguimos vivos.

He intentado muchas veces escribir desde otro lugar, abandonar este territorio.
Y siempre regreso.
No por provocación, sino por honestidad.

El deseo no es un exceso: es una forma de atención.
Una manera de estar presente en el mundo.

Recuerdo los primeros amores, los aprendizajes torpes, la intensidad sin mapa.
Luego llegaron relaciones más complejas, la vida compartida, la caída, la ruptura.
Y después, algo inesperado: la constatación de que incluso en la separación el cuerpo sigue buscando contacto, consuelo, cercanía.

Nada de eso me hizo mejor ni peor.
Me hizo humano.

He conocido historias ajenas, frágiles, llenas de matices.
Personas que cargaban con más de lo que se veía a simple vista.
Compartir tiempo con ellas fue, en muchos casos, una forma de escucha.

El deseo también puede ser cuidado.
Responsabilidad.
Límite.

No idealizo nada. Tampoco lo condeno.
Solo constato que la vida se expresa de muchas maneras y que el cuerpo es una de ellas.

Eros no promete salvación.
Pero a veces ayuda a seguir.

 

 

leopoldo

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios