Pardina y Cris

Dos almas femeninas me ayudan. Poesía para sus cuadros figurativos es lo que le ofrezco a mi cuñada. Ana Pardina, quien se muestra reticente, ya que en otra ocasión le fallé. Pero ahora cuento con la ayuda de mi editora: La sin igual lore, quien, una-vez-convencida-la-Pardi, logrará que pintura y poesía se den la mano. Somos dos artistas en la familia y debemos trabajar juntos. Asimismo, Cris, la mujer de José-el-taxista, me va a ayudar con mi libro: Terapeutas: Rescatadores de almas, haciéndome las fotos, grabando las entrevistas, y picando los textos. Le pagaré una miseria por su trabajo, pero lo hará por el inconmensurable amor que me tiene.     leopoldo                       

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Esperando el hachís

Nueve y media.La ventana del salón abierta. Acabo «La pequeña comunista que no sonreía nunca», de Lola Lafon.La vida de Nadia Comăneci queda suspendida en una tristeza seca. Empiezo «El testigo», de Juan Villoro.Cambio de tono. No de fondo. El comunismo aparece como disciplina.Cuerpo sin margen.La persona se reduce. Yo, que siempre he buscado lo contrario. Queda media hora. Llegarán los cinco.Rutina sin ceremonia. Fumaré dos.Tres quedan para mañana. Luego baja el ritmo.El tiempo se abre. A veces llegan las palabras.A veces no. Los sueños ocupan el lugar.La escritura intenta seguirlos. No siempre alcanza.     leopoldo  

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