Sofá o vida

Publicado el 6 de julio de 2026, 20:37

Estoy esperando a que me llame José el taxista para ir a comprar un sofá.

O dos.

El problema es que estoy fumadísimo.

Y, para colmo, no encuentro la cinta métrica.

—Estoy muy ocupado, pero te llamo en una hora —me dijo José.

Así que aquí sigo.

Escuchando música brasileña.

Esperando.

Mis sofás están deshechos.

No me cabe el culo.

Y de vez en cuando me caigo.

La buena noticia es que ahora tengo dinero.

O algo parecido.

De los cincuenta mil euros de la herencia ya solo me quedan dos mil setecientos.

He pagado deudas.

He ayudado a quien quería ayudar.

Y he invertido treinta mil en un fondo conservador.

Descubro que ser rico es mucho más complicado de lo que imaginaba.

Antes no tenía dinero.

Ahora tengo gestores.

José, el taxista, me llevará a una tienda barata.

Con un poco de suerte encontraremos un sofá donde mi culo pueda vivir con dignidad.

Porque esa también es una forma de calidad de vida.

Si siguiera siendo pobre, no habría discusión posible.

Me quedaría en casa.

Escuchando música brasileña.

Fumando hachís.

Y procurando no caerme del sofá viejo.

Al final, uno cree que los grandes problemas de la existencia son la muerte, el amor o la política.

Hasta que descubre que un buen sofá también puede cambiarte la vida.

 

leopoldo

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