Los casinos de las dos Pontevedras y José el taxista

Publicado el 6 de julio de 2026, 20:37

Los casinos de las dos Pontevedras. Y José, el taxista

Mis amigos iban al Casino Mercantil.

A las fiestas.

Y también a jugar al ajedrez.

Bueno, a jugar al ajedrez solo iba Carlos el Gordo, que se suicidaría veinte años después, completamente desquiciado por su adicción a la cocaína.

Mis amigos eran todos de clase media-baja e iban conmigo al Instituto Sánchez Cantón.

Los fines de semana íbamos a bañarnos al río Lérez, donde el abuelo hacía gala de sus masturbaciones apoteósicas.

Mis hermanos y todos mis primos iban al casino de A Caeira.

El de los ricos.

Allí estrenaban vestidos y corbatas.

La sociedad pontevedresa estaba dividida.

—Ese va al Mercantil.

—Ni caso —decían dos pijas.

Había dos Pontevedras.

La de los que estrenaban ropa.

Y la de los que aprendíamos a mirar desde fuera.

Ayudándome a buscar temas para mis relatos, José, el taxista, me dijo:

—Pues escribe que, mientras media humanidad pasa hambre, Estados Unidos se gasta el dinero en descubrir no sé qué mariconada en Marte.

Lo dijo enfurecido.

Como solo puede enfurecerse un taxista que ha visto demasiadas calles.

 

leopoldo

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