Cuando Julia era pequeña, la llevaba en su cochecito a pasear por el paseo marítimo. Yo tenía problemas de movilidad y aquellas caminatas también formaban parte de mi ejercicio diario.
Decidimos que estudiara en la enseñanza pública. Aprobaba casi sin estudiar, aunque pronto comprendimos que su facilidad no bastaba y que debía aprender a trabajar con constancia.
Más adelante estudió Derecho y obtuvo muy buenas notas. El mismo año en que terminó la carrera, empezó a trabajar en un despacho de abogados de Barcelona, donde continúa en la actualidad.
Julia también se ocupa de su hermano y de mí. Fue ella quien consiguió mi primer contacto con Adaceco, la asociación coruñesa dedicada a las personas con daño cerebral adquirido y a sus familias. También me ha dicho que, cuando sea necesario, ayudará económicamente a su hermano.
Durante su infancia la llevaba a los museos de A Coruña, especialmente al Aquarium Finisterrae —la Casa de los Peces— y a la Casa de las Ciencias. Mientras ella aprendía a mirar el mundo, yo continuaba con mi rehabilitación.
Entrené con tanta constancia que acabé corriendo. Años después llegué a participar en el Maratón Popular de Madrid.
Julia también ha heredado mi afición al deporte. Aunque trabaja y atiende sus responsabilidades, siempre encuentra algún momento para ir al gimnasio o a la piscina.
Ahora ya no soy yo quien la lleva de la mano.
Con frecuencia es ella quien se ocupa de nosotros.
leopoldo
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