Un hermano de Hicham se ha instalado en casa. Se llama Ilias y, como todos los Azlou, es listo y simpático.
Apenas habla español, de modo que tengo por delante una considerable tarea didáctica. Ya ha aprendido a contar del uno al cien y a saludar según la hora del día:
—Buenos días.
—Buenas tardes.
—Buenas noches.
Es muy trabajador. Compra la comida todos los días y, de vez en cuando, cocina unos platos tremendamente picantes. Algunas tardes va a la playa, aunque suele pasar la mayor parte del tiempo en casa, estudiando.
También le encargo pequeñas tareas, como ir a comprar el pan. Son cosas sencillas, pero le permiten practicar español y empezar a desenvolverse con la gente del lugar.
Duerme como un lirón en una cama que hemos colocado en el cuarto de Hicham. Su presencia altera un poco mi rutina y me quita tiempo para escribir, pero me he propuesto ayudarlo a alcanzar un nivel básico de español en tres meses. Creo que lo conseguiremos.
La comunicación todavía es difícil. Ilias habla dariya, el árabe marroquí, y yo apenas conozco esta variante. Para entendernos, recurrimos al Traductor de Google en el móvil, a los gestos y a unas cuantas palabras sueltas.
Mientras él aprende español, yo he comenzado a estudiar dariya. Al final, la tarea didáctica va en las dos direcciones.
leopoldo
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