Charlie Parker sangraba el alma

Publicado el 29 de junio de 2026, 16:49

Charlie Parker no tocaba.

Sangraba.

El saxofón era la boca por la que el alma encontraba salida.

Cada nota parecía venir de un lugar anterior al pensamiento.

Cielo e infierno.

Todo junto.

Tenía duende.

No el duende limpio de los escenarios bien iluminados, sino otro más oscuro.

El que nace cuando el cuerpo no puede con tanta vida.

Extenuado, buscaba bajar la pulsión.

Calmar el incendio.

Pero la música no se calmaba nunca.

Seguía.

Subía.

Abría.

Aquellos solos no eran técnica.

Eran espíritu.

Mil historias.

Mil heridas.

Mil formas de decir lo que no cabe en una frase.

Y entonces se me aparece la lore.

—Aléjate de ahí.

Y tiene razón.

Hace años decidí ser un yonqui por vía natural.

Deporte.

Viajes.

Poesía.

Montaña.

Países pobres.

Riesgo.

Belleza.

Me enganché a la vida marginal.

Al espíritu.

A los que viven cerca del borde.

Pero el caballo seguirá siendo una sombra antigua.

Una llamada que no conviene obedecer.

Charlie Parker fue eso.

Un torrente.

Una herida con música.

El llanto del saxofón.

El quejío del alma.

El espíritu ardiendo.

Turum.

Turum.

Turum.

 

leopoldo

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