Tomatito.
Es el alma del flamenco.
Con Camarón de la Isla alcanza lo sublime.
«Dios mío, dame paciencia...».
Con la lore de vecina en Santa Comba.
Con sus cosas ordenaditas.
Escribiendo.
Conseguiremos wifi.
Ella editará más.
Y yo escribiré más.
Mina bailará al ritmo de Camarón de la Isla.
Y Miguel y yo fumaremos hachís, ante el escándalo de la lore.
Tranquila, María Lorena.
Tu casa ya está casi construida.
Y tendrás de vecino a leopoldo.
Juntos nos integraremos en la poesía del rural gallego.
Trabajarás como nunca.
Y tendrás tus cosas ordenaditas.
Escribiendo.
La Paca vivirá con nosotros.
Te invitará a gazpacho y a marrón glacé.
Y tú serás trepidantemente feliz.
Escribiremos juntos.
Con absoluto respeto por tu mismidad.
Miguel tendrá amigos gallegos.
Y le buscaremos trabajo en Santa Comba.
En una farmacia.
O en una cooperativa agrícola.
Y será feliz.
Yo me ocuparé de que no echéis de menos Barcelona.
Descubriréis la poesía del rural gallego.
La magia de Santa Comba.
Miguel acabará enamorándose de una paisaniña.
Y un día tu nieto te dirá:
—¿E logo?
Todos los años trabajaremos en la vendimia.
Tendremos un ribeiro joven que será la envidia de los vecinos.
Criaremos un cerdo.
Iremos a los Ancares cada quince días para contagiarnos de la poesía de las pallozas.
Y entonces comprenderemos que aquel lugar ya no era un sueño.
Era nuestra casa.
leopoldo
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