Estoy deseando volver a Barcelona.
No solo por Barcelona, naturalmente, aunque uno siempre encuentra buenas razones para regresar a una ciudad que ya amaba antes de conocerla del todo. Quiero ver a Lore. Y a Julia.
Ahora, además, tengo dinero. No durará mucho. El dinero posee esa mala educación: llega tarde y se marcha antes de que uno haya decidido qué hacer con él.
Iré en tren. Los aeropuertos me inquietan y no confío en que mi maleta termine en la misma ciudad que yo. El ferrocarril, en cambio, conserva cierta dignidad antigua. Uno se sienta junto a la ventanilla, contempla cómo retrocede el paisaje y puede imaginar, durante unas horas, que todavía existe la poesía.
Gil de Biedma vendrá conmigo. Quizá ocupe demasiado espacio, pero sabremos acomodarnos.
Lore se cambia de casa y me ha invitado a conocer su nuevo hogar, en las afueras de la capital catalana. Solo falta que me diga cuándo puedo ir. Parece un detalle menor, aunque de esos detalles dependen casi todos los viajes.
El problema es que Lore trabaja como una mula. No sé si tendrá tiempo para leopoldo.
He encontrado la solución: trabajaré con ella.
Mientras ella se ocupa de sus libros, yo redactaré entradas para el blog. Nos acompañaremos sin necesidad de molestarnos demasiado, que suele ser una forma bastante civilizada del afecto.
También le daré muchos besos a Mina. Hablaré con Miguel, que ha dejado el hachís y anda empeñado en una vida más sana. Haré lo posible por no convertirme en una mala influencia. A cierta edad, uno debería conocer ya la diferencia entre compartir una noche y estropear un esfuerzo.
Después saldré a recorrer museos. Barcelona siempre me ha gustado por eso: uno puede pasar de una calle vulgar a una sala donde el tiempo permanece quieto. Espero que Julia me acompañe en alguna de esas incursiones.
Quizá visite también a Nin Perona, antiguo colegial del Colegio Mayor San Pablo CEU de Madrid e íntimo amigo de mi colega Antonio Ocampo. Los viajes sirven para reencontrarse con personas a las que la vida había dejado en uno de sus márgenes.
Pero, sobre todo, quiero trabajar con la Linares.
Durante mucho tiempo lo he imaginado como se imaginan ciertas cosas que parecen sencillas y nunca llegan a suceder: dos personas, una mesa, varios libros y unas horas sin demasiadas interrupciones.
Así que, querida Lore, avísame cuando te venga bien.
Yo estaré preparado.
O tan preparado como puede estarlo leopoldo para cualquier cosa.
leopoldo
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