Hoy tuvimos una reunión por videoconferencia.
Julia.
Javierito.
Venancio.
Y yo.
El tema era la herencia paterna.
Pero, en realidad, hablamos de algo más importante.
De personas.
Durante meses hubo tensiones, malentendidos y decisiones difíciles.
Las herencias tienen esa capacidad.
No solo reparten bienes.
También ponen a prueba los afectos.
Javierito explicó con tranquilidad los motivos de su distanciamiento con Venancio.
Y Venancio escuchó.
Sin reproches.
Con elegancia.
Le agradeció las explicaciones.
Julia estuvo magnífica.
Preocupada por el futuro de Santi.
Atenta.
Práctica.
Defendiendo siempre lo que considera mejor para su hermano.
Y yo hice lo que mejor sé hacer en determinadas ocasiones:
Escuchar.
Escuché a mi hermano.
Escuché a mi hija.
Escuché a mi abogado.
Y comprendí que todos estaban intentando proteger algo.
No dinero.
No fincas.
A Santi.
Al terminar la reunión, sentí alivio.
La sensación de que las cosas importantes seguían intactas.
¿Por qué las familias discuten?
Los abogados discrepan.
Las herencias se complican.
Pero cuando existe buena voluntad, todavía es posible sentarse, hablar y entenderse.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió hoy.
leopoldo
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