Nació Santi

Publicado el 26 de julio de 2026, 13:01

Ana estaba embarazada de ocho meses cuando empezó a sangrar.

La llevé al Materno Infantil y quedó ingresada. Yo regresé a casa. Al día siguiente me comunicaron que había nacido nuestro hijo.

Se llamaba Santi.

Las primeras noticias fueron difíciles. Tenía síndrome de Down y una infección pulmonar grave. A los pocos días lo operaron del esternón.

Era muy pequeño. Y muy guapo.

Durante aquella semana leí todo lo que encontré sobre el síndrome de Down. Visité Down Coruña, conseguí libros y hablé con quienes ya conocían ese camino. Era mi manera de enfrentarme al miedo: estudiar, preguntar, intentar comprender.

Ana estaba entera. Mucho más que yo.

Por mi trabajo estaba acostumbrado a acompañar a personas que vivían situaciones difíciles. Pero aquello era distinto. No ocurría fuera. Estaba en casa.

Había tenido un verso. No un niño.

O quizá había tenido las dos cosas.

Yo también vivía con una discapacidad como consecuencia del traumatismo craneoencefálico que sufrí en un accidente de tráfico. Santi y yo tendríamos que aprender algunas cosas de otra manera.

No me pareció una tragedia. Me pareció una vida.

Una vida con médicos, operaciones, preguntas y obstáculos. También con risas, paseos, libros y helados de chocolate.

Desde entonces hubo una palabra que empezó a repetirse dentro de mí: integración.

No quería que Santi viviera al margen. Quería que estudiara, que tuviera amigos, que trabajara, que amara y que pudiera decidir sobre su propia vida.

Ahora vive en Madrid con su madre. Yo estoy lejos.

Cuando hablamos por teléfono, no me llama papá. Me llama Kiko.

Podría parecer una cosa pequeña. Para mí no lo es.

Me duele no vivir con él. Hay dolores que uno no consigue ordenar, aunque escriba muchos libros.

Quizá por eso sigo escribiendo sobre Santi.

Para estar un poco más cerca.

 

leopoldo

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