—Rugby, boxeo, alpinismo… Pero con la piragua te has acochinao —me dijo mi amigo José, el taxista.
Y es que, efectivamente.
La semana pasada, el lunes, comenzaba el curso de piragüismo de ADACECO para personas con daño cerebral.
Y, en el último momento, me arrepentí.
No fui.
Después de una lucha espiritual en la que soñé que volcaba la piragua y, con las piernas inmovilizadas, me sumergía cuan largo soy.
Un besugo con cara de sorna me contemplaba desde las profundidades.
—¿No ibas a nadar la playa de Santa Cristina? —se mofaba de mí mi taxista.
—Soy un minusválido y tengo una discapacidad absoluta del 74 % —le decía yo a José, el taxista, para justificar mi deserción.
Y es que, efectivamente, no me atreví.
Les dije en ADACECO que había tenido una caída reciente y que mi lesión me impedía practicar el susodicho deporte.
Pero lo cierto es que me acochiné.
Como bien decía mi amigo.
Estuve a punto de ir fumao de hachís, pero concluí que era una irresponsabilidad.
Así pues, mantengo mi deporte diario en los 200-400 fondos.
Y me despido para siempre de la fauna submarina.
leopoldo
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