Resaca de herencia

Publicado el 24 de junio de 2026, 15:06

Ayer fue uno de esos días en los que uno firma tantos papeles que acaba sospechando que ha vendido un riñón sin darse cuenta.

Notarios.

Banqueros.

Abogados.

Transferencias.

Fondos de inversión.

Herencias.

Todo junto.

Al llegar a casa me senté en el sofá con el hachís reglamentario de Hicham y me dispuse a contemplar los acontecimientos con la distancia que da el cansancio.

Porque la jornada había comenzado con una pequeña sacudida emocional.

Yo seguía empeñado en la idea de la casona de Santa Comba para Patxi y la ONG Senvalos.

Y necesitaba a Javierito.

O eso creía.

Le escribí.

Le pregunté cuándo podría acompañarme.

Y la respuesta fue larga.

Muy larga.

De esas respuestas que empiezan hablando de calendarios y terminan hablando de sentimientos.

La leí varias veces.

Y comprendí algo.

Mi hermano no estaba enfadado.

Estaba cansado.

Que no es lo mismo.

Las herencias tienen la mala costumbre de remover cosas antiguas.

Lealtades.

Expectativas.

Malentendidos.

Y a veces uno descubre que quienes más nos quieren también necesitan descansar de nosotros.

No es agradable.

Pero es humano.

Al final creo que nos entendimos.

O al menos empezamos a hacerlo.

Y eso ya es bastante.

La otra gran noticia del día fueron los cincuenta mil euros.

Durante años soñé con cantidades mucho menores.

La devolución de Hacienda cuando trabajaba en La Voz de Galicia.

Un artículo pagado.

Una colaboración.

Ahora la cifra es otra.

Y, sin embargo, sigo sintiéndome igual de despistado.

El viernes entregaré veinte mil euros a Hicham.

Pagaré las deudas pendientes con Santi y con la Lore.

Y reservaré algo para viajar a Barcelona.

Tengo ganas de conocer la ciudad con calma.

Y de ver a Julia.

La banca, por su parte, también hizo su trabajo.

Me ofrecieron un producto financiero tan maravilloso que parecía escrito por un poeta.

Tú les das el dinero.

Ellos te prometen tranquilidad eterna.

Y todos felices.

Por suerte, Javierito intervino a tiempo.

—Lee la letra pequeña.

Es uno de esos consejos que sirven para las inversiones y para la vida.

Ahora la casa está en silencio.

Las firmas están hechas.

Los abogados descansan.

Los notarios también.

Y yo me permito un lujo extraordinario.

No pensar en la herencia hasta mañana.

 

leopoldo

 

 

 

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