Hoy he vuelto a comprobar que el laberinto burocrático, cuando se mezcla con salud, tiene algo de tragicomedia.
Llegué al Centro de Salud convencido de que iba a una simple revisión de mi discapacidad. El Sergas me había pedido unos documentos que, según creía, tenían que entregarme allí.
No parecía complicado.
El doctor Pablo Vaamonde me recibió con esa combinación suya de escucha y firmeza. Me remitió a Enfermería para recoger los papeles y aclarar el trámite. Hasta aquí todo correcto.
Lo que no sabía es que estaba a punto de entrar en el nivel 7 del videojuego burocrático.
Me senté frente al despacho de Enfermería.
Media hora larga.
Silencio.
Puerta cerrada.
Un cartel enfrente.
Yo, esperando con la paciencia de quien cree que está haciendo lo correcto.
De pronto, aparece Ester, mi antigua vecina, y me suelta:
—Kiko, ¿pero no lees el cartel? Ese despacho está vacío. No hay nadie hoy.
Y ahí me rompí un poco.
No de rabia.
De cansancio.
Porque uno va sumando kilómetros emocionales y a veces se nota.
La que salvó el día fue mi hija Julia.
Llamó a Pablo.
Habló con claridad.
Puso orden.
Resulta que todos los informes están en la historia clínica digital, accesibles desde el sistema.
No hacía falta que nadie imprimiera nada.
No hacía falta que yo estuviera allí.
No hacía falta la media hora de pasillo, ni la puerta, ni el cartel, ni la escena.
No hacía falta que hubiese ido.
Pablo, con esa mezcla suya de inteligencia resolutiva y cariño, me dijo:
—Ven mañana. Hablamos con la agente social y lo aclaramos juntos.
Yo, todavía con la garganta apretada, respondí:
—Bueno… vendré. Pero antes le explicas tú el culebrón.
Y él, suave:
—Claro. Tranquilo.
Y eso bastó.
A veces basta con que alguien diga tranquilo y que esa palabra tenga peso.
Gracias, Julia.
Por hablar cuando yo ya no podía más.
Gracias, Pablo.
Por ser médico en el sentido más noble:
el que acompaña, no solo el que receta.
A veces la burocracia te derrumba.
Pero también es verdad que hay gente que te sostiene.
Y eso, aunque no venga con sello ni formulario,
también es medicina.
leopoldo
Añadir comentario
Comentarios