Aterrizó el avión de Sara, la panadera, en el aeropuerto de A Coruña, donde la esperaba una pequeña comitiva del Ayuntamiento encabezada por el gran leopoldo y su fiel aliado, José el taxista. Su única obligación en esta nueva aventura consistía en descansar de la infernal odisea de lograr una incapacidad laboral. A esas alturas, además, casi se había quedado sin casa por un culebrón provocado por la Puta-Marroquina, que movilizó sus contactos para dejarla en la calle. Por fortuna, la incansable panadera terminó encontrando refugio gracias a Asuntos Sociales.
Nada más llegar, el leal José los condujo a Tamarindo, el restaurante mexicano de Inés, quien asumió con dedicación absoluta la misión de emborrachar a la panadera, que por un día olvidó su estricta dieta vegana.
Después se adentraron en Agra de Bragua, donde leopoldo presentó a Hicham a la recién llegada. El recorrido continuó hacia el Paseo de los Gatos, un tour sin mayor interés turístico, pero cargado de una melancolía espiritual muy significativa para el menor de los Panero.
Sara disponía únicamente de cinco días para entregarse al descanso en la ciudad herculina.
La primera noche se rindió ante la mejor tortilla de patatas de España. Recorrió luego la Ciudad Vieja, donde volvió a traicionar su veganismo con un pulpo á feira y una caldeirada de raya, ambos platos rebosantes de un supuesto poder calórico-místico capaz de resucitar a cualquiera.
Sus infiernos comenzaron a ordenarse gracias a las gestiones de Cris, quien finalmente le tramitó la incapacidad laboral y le consiguió una vivienda social en Barcelona. Aunque, en realidad, fue leopoldo quien terminó convenciéndola para instalarse en A Coruña, donde MI HERMANITA —y su gato— vivieron por fin unos días de verdadera paz.
leopoldo
Añadir comentario
Comentarios