Incomunicado

Publicado el 23 de diciembre de 2025, 15:16

Mi pulsión obsesivo-compulsiva se cargó la entrada al forzarla para cargar la batería del móvil.

Como Hicham fue el encargado de arreglarlo, me quedé todo el día incomunicado.

No pude darle la brasa a enriquito para saber si había leído mis mails.

Me llevé la mano al lugar donde suele reposar el móvil unas trescientas veces, sin encontrarlo, obviamente.

Nueva era: estamos comunicados las veinticuatro horas del día. Para cualquier tontería.

Tampoco pude hablar con mi editora, que suele recibir doce o trece WhatsApp míos por cualquier nimiedad.

Me sentí solo y abandonado.

Pero al llegar a casa, a las 16.30, todo se solucionó. Hicham, que estaba hablando con su tía en árabe desde su móvil, me indicó que ya estaba arreglado.

Ahora solo necesito que me dure, para no volver a pasar por semejante agonía.

Hicham me dijo que, si no era posible arreglarlo o resultaba muy caro, me compraría otro. Fue posible.

Y ahora, cuando acabe de narrar mi agonía, voy a llamar a enriquito para saber si ha leído mi última narrativa obsesiva destinada al blog.

Cuando termine de hablar mi acogido magrebí con la hermana de su madre.

Al llegar y ver a Hicham parloteando en árabe, creí que hablaba con su madre. Le pedí que me dejara saludarla.

«No, no es mi madre», señaló.

Con pesar volví a constatar que no entiendo el árabe marroquí, a pesar de mis intensivos estudios de árabe clásico.



leopoldo

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