Dron en Zaporiyia

Publicado el 7 de enero de 2026, 14:32

Mi vida en el mundo marginal me había llevado a entablar amistad con Jesús, lejía, con quien me fumé cientos de porros y con quien, cómo no, planeé un viaje. Nos meteríamos en la guerra de Ucrania, concretamente en Zaporiyia.

Una vez allí, nos alistamos como mercenarios y nos dirigimos a las trincheras.

Sentí un pánico creciente al observar multitud de lucecitas en el firmamento, que no eran sino drones cargados de explosivos. Parecía una verbena de pueblo. Pronto reventaron a Jesús; sus brazos tatuados trataban, inútilmente, de recoger su paquete intestinal.

Yo estaba herido en una pierna. No tardé en comprender que no podría huir.

Los colores se atenuaban.

Pensé fugazmente en Paco, mi amigo salmantino con el que fui a la India.

Cruzando una mezquita llegué al Museo del Prado.

Y allí estaba mi cocker Xeito, corriendo por el campo de golf.

Un soldado enemigo se aproxima a mí.
Impacto.
Todo se oscurece.

 

 

 

leopoldo

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