Gracias a Amazon, a mi editora Lore y a mi conocida incontinencia literaria, retomamos el blog.
Había estado de vacaciones, por motivos estrictamente presupuestarios.
El blog es, al final, el lugar adecuado para relatos breves. Como la vida.
En esta primera entrada quiero contar el proceso —largo y poco amable— para conseguir que Dependencia de la Xunta de Galicia me apoye económicamente. En concreto, que asuma el coste de Adececo, la ONG que trabaja con daño cerebral y a la que pago 300 euros mensuales. La ayuda llegará, previsiblemente, dentro de seis meses. También revisarán mi grado de discapacidad. A cambio, me retiran la asistencia a domicilio: la Xunta concede ayudas de una en una.
Esta gestión ha sido posible gracias a mi hija Julia, que se ocupa —y se preocupa— de encontrar las instituciones y los apoyos más adecuados. Sin ella, nada de esto habría avanzado.
Quiero dejar constancia de algo. Tengo reconocida una discapacidad del 74 %, con afectación motora y cognitiva, y aun así el proceso ha sido un auténtico suplicio. Si no llega a ser por mis amigos José y Cris, habría sido imposible. Gestiones interminables, citas presenciales y por correo electrónico, visitas constantes a instituciones. Y un gasto considerable en taxis, porque los discapacitados no conducimos. Aprovecho para recomendar a José, el taxista: si llamáis de mi parte, hace precio de amigo. Ha perdido mucho dinero conmigo. La Xunta dispone legalmente de seis meses para hacer efectiva la ayuda. Si se retrasa, deberá abonarla con carácter retroactivo. Eso significa que, dentro de seis meses, podré seguir en Adececo sin poner un euro de mi bolsillo.
Todo esto sería solo burocracia —dura, desgastante— si no fuera por un detalle añadido. En Adececo trabajo con Jesi, una de las terapeutas. He de reconocer que me he encariñado con ella de forma poco práctica. Su profesionalidad, su manera de estar, su trato. Pensar en dejar de verla no ayuda precisamente a la salud mental.
Así que, ya puestos, aprovecho para lanzar una petición no oficial a Dependencia: si además de financiar la terapia pudieran cubrir alguna cena con velas en un restaurante digno de la ciudad herculina, mi mejoría sería, sin duda, espectacular. No pido milagros. Solo continuidad terapéutica y algo de sentido del humor administrativo.
Seguiremos informando.
leopoldo
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