—El beso.
Sin palabras.
Sin gestos.
Nada antes.
Se acercó
y me besó.
Todo encajó de pronto.
Mi mundo se derrumbaba,
pero tu amor lo sostuvo.
¿Era tan simple?
Luego llegó el recuerdo.
No fue casualidad.
Era el momento.
—Mi alma te llamó.
Y tú respondiste,
sin ruido,
con dulzura.
—A ver cuándo vuelven a darme permiso.
Cinco años pasan deprisa.
En presidio, también.
leopoldo
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