Por fin, la silla

Publicado el 12 de marzo de 2026, 20:03

Ayer, 12 de marzo de 2026, se reunió la comunidad de Agra de Bragua 37.

Luis dirigía la sesión.
Delante tenía el ordenador con las cuentas del edificio: pagos pendientes, facturas, números.

Al principio hubo un rifirrafe.
Juan, conductor del autobús municipal número 6, discutió con Fernando, artesano del bajo.
Había facturas sin pagar y una cuenta bancaria mal anotada.
Fernando, nervioso y malhablado, levantó la voz.
Sonia intervino para calmar la situación.

Después habló mi hermano Javier.

Pidió autorización para instalar una silla eléctrica que permita a su hermano leopoldo acceder al ascensor.
Aclaró que, más allá del dinero, lo importante era contar con el permiso de la comunidad.

Entonces tomó la palabra leopoldo.

Recordó que la ley de accesibilidad obliga a las comunidades a asumir parte de estos gastos.
Javier intervino de nuevo, con calma, para explicar que nosotros mismos podíamos asumir el coste si hacía falta.
Quienes usaran la silla ya se organizarían después.

leopoldo explicó su situación.
Una discapacidad causada por un accidente de tráfico hace veinte años.

Dijo también que había sido periodista.
Ahora trabaja con población inmigrante, dando clases de español.

—Si conocéis a alguien que las necesite, estaré encantado de ayudar —añadió.

Fernando, el único que vive actualmente en el edificio, comentó que a él también podría servirle la silla.

La reunión siguió tranquila.
Salvo el momento inicial, todo transcurrió entre vecinos jóvenes que escucharon con atención.

Por fin, la silla.

 

 

leopoldo

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