Agilidad mental

Publicado el 30 de marzo de 2026, 10:48

La mejora llegó sin aviso.

La memoria dejó de fallar. Las lagunas se cerraron. La desorientación, que antes aparecía en momentos simples, ya no está.

—Hoy has recordado todo —me dice Jeni.
—Hoy sí —le respondo—. Sin esfuerzo.

Jeni es mi terapeuta en ADACECO. Trabajamos desde el accidente. No fuerza. No insiste más de lo necesario. Observa. Corrige.

A veces hablamos de libros.

—¿En qué estás ahora? —pregunta.
—En ordenar lo que quedó suelto —le digo.

Otras veces, de deporte. Ella corre. Medio fondo.

—Correr es repetir sin pensar —dice.
—O pensar sin ruido —le contesto.

Es clara. Inteligente. Su presencia ordena la sesión.

Hay algo familiar en ella.

—Me recuerdas a alguien —le digo un día.
—¿A quién?
—A Amayita.

No pregunta más. No hace falta.

Amayita también tenía esa mezcla: precisión y calma. Era jueza. Escuchaba sin prisa. Decidía sin ruido.

—No compares —dice Jeni, sonriendo—. Cada uno en su sitio.

 

Asiento.

 

No es comparación. Es reconocimiento.

Fuera de la consulta, la vida sigue con menos interferencias. Recuerdo mejor. Pienso con más continuidad.

No hay épica en esto.

Solo trabajo sostenido. Y, poco a poco, claridad.

 

 

leopoldo

 

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