Hermana, que te Quiero

Publicado el 10 de noviembre de 2025, 14:16

Para ayudar, primero hay que estar bien.
Cuando una se vuelca en sostener a otros, es fácil olvidarlo.
Conviene medir la energía: saber cuánto se da y cuánto se puede dar sin romperse.
Si el cansancio llega al punto de afectar el trabajo o la rutina, es señal de que algo no está equilibrado.
No sirve buscar culpables fuera. La responsabilidad emocional empieza en una misma.
La familia, el entorno, las personas que queremos… pueden acompañar. Pero la base, lo esencial, es el propio cuidado.
Recomponerse no es egoísmo: es mantenimiento.
Cuidar la mente, el cuerpo y la vida interior permite que la ayuda que se ofrece a otros sea sostenible y real.
Ante conductas dañinas o destructivas, la respuesta no puede ser resignación.
La educación también implica poner límites claros: si una acción tiene consecuencias, se afrontan. Así se aprende, así se reordena.
El cuidado personal no es accesorio.
Comer bien, caminar, visitar librerías, museos, espacios que nutren…
Recordarse presente. Volver a lo propio. Habitarse.
Si el entorno no acompaña, si lo que rodea no sostiene, aún queda lo más importante: una misma.
Y esa base, por valiosa, hay que protegerla.
Siempre hacia adelante.
Con firmeza.
Sin perder el paso.

 

 

leopoldo

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