El 50 del 50 (Seis poetas de la generación del medio siglo), de Vicente Gallego. Editorial Pre-Textos, 2006, me ha salvado el espíritu. Ante el castigo de la Biblioteca Ágora —por haber perdido el forro de plástico de un libro de poesía—, me han sancionado sin poder sacar libros hasta primeros de año.
Ricardo Defargues, Luis Feria, Manuel Padorno, Fernando Quiñones, Tomás Segovia y César Simón serán los encargados de mantener viva mi llama lírica hasta que pueda volver a sacar, de forma compulsiva, textos de otros creadores.
El problema comenzó al no poder localizar mi tarjeta de la biblioteca. Hicham tampoco la tenía, pero aseguró que quizá estuviera en manos de su hermano Ousama, encargado de la última retirada de libros. Sin embargo, el menor de los Azlou me dijo que ya me la había devuelto. Volví a buscar y encontré una tarjeta vieja y semidestruida, que quizá sea la ansiada. El culebrón se resolverá el día 1, cuando vaya a retirar más creaciones.
Al menos me permitieron devolver los últimos libros que había sacado con anterioridad, ya a punto de rebasar el plazo de devolución. De lo contrario, me habría arriesgado a ser víctima de un nuevo castigo.
Los “penaltis” consisten en no dejarte sacar más libros hasta la fecha que ellos consideren oportuna —fecha que depende del ánimo psicosomático de la empleada—, para hacerte sufrir sobremanera.
El último castigo se debió a que devolví un libro con migas de pan, restos del bocata que me comí mientras leía.
—Pero si era de chocolate con mantequilla. No me tengáis otra semana sin leer, por Dios—.
Sinceramente, prefería que me dieran una hostia.
leopoldo
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