El Espíritu del Islam

Publicado el 18 de enero de 2026, 21:16

Vivo en A Coruña con un magrebí acogido en casa.

Hicham no reza mucho, pero sus amigos sí.
Improvisados cortes de pelo y afeitados tienen lugar en mi morada del Ventorrillo.

Les doy clases de español. Esporádicamente voy con ellos a la mezquita.

Tienen ese fuego interior del que carecemos en Occidente.
Excepto los ricos, que son puro espíritu,
pues en la sociedad capitalista occidental el espíritu está en el dinero.
Y en el arte. Menos mal.

¿Debo poner límites a mi integración en el tejido social musulmán?
Mientras me sigan facilitando ese maravilloso hachís, no lo considero necesario.

Hicham me trata como a un padre. Aunque a veces me regaña.

Pasan veinte años. Estoy casado con Salma. Vivimos entre España y Marruecos.
Me he consolidado como escritor. Ya tengo varios premios. Mi amor me ha dado tres niñas.

La mayor se llama «Paca», como su difunta abuela, «Mari Paqui».

Una educación basada en el feminismo y en el espíritu.

 

 

leopoldo

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