Sola. Triste. Aburrida.
Acomodada en el tresillo del comedor.
—Tienes un Tranxilium 50. Es que me sube una ansiedad por las piernas —dice Leopoldo.
—¡Ay, hijo! A mí también me pasa. Mira, uno para cada uno —contesta Paca.
—Bueno, espera, que antes voy a comer algo —dice la Cabanillas.
Queso camembert con mermelada de arándanos.
—Creo que voy a leer poesía. Gil de Biedma —dice Leopoldo.
Me voy a dar las clases de sor Elvira a Marín, en trolebús.
¿Por qué no damos clases a inmigrantes en casa, Paca?
Estarías más ocupada. Y realizarías una buena tarea.
Tú eres buena, seguro que te sienta bien.
Qué paz trae el Tranxilium.
Pero, Paca, mi amor, que ya llevas cuatro.
¿Llamamos a Enriquito? ¿Y a Vicky?
Comunica. Probaremos más tarde.
Sus zapatillas de rica, color crema.
Sus gotas para la nariz.
Su Evacuol.
Los cuadernillos de sor Elvira.
Libros de autoayuda.
—Mira, hijo —y me lee un texto subrayado.
leopoldo
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