Como sabéis, leopoldo era corresponsal de guerra.
Viajó a Irán acompañado por su hermano Chemi. Instalaron una redacción improvisada en un hotel céntrico de Teherán. Desde allí enviaba sus crónicas y sus fotografías.
Uno de los desplazamientos los llevó hasta Kandovan. El pueblo estaba ocupado por milicianos mujaidines. La presencia extranjera no pasaba desapercibida.
Entraron en la habitación sin avisar. Los dos hermanos apenas tuvieron tiempo de levantarse.
—Él es periodista. Yo solo le acompaño —dijo Chemi en un inglés rudimentario—. Mi vida no vale nada. La de él, sí. Podéis pedir un rescate al periódico.
Los hombres se miraron entre ellos. Entendían con dificultad, pero lo suficiente.
—No pensábamos mataros —dijo el capitán islamista—. Pero nos habéis dado una idea.
Chemi continuó hablando, nervioso, buscando hacerse entender.
—Estoy confabulado con los iraníes. Recibiré la mitad del rescate.
Hubo un silencio breve. Nadie tomó notas. Nadie hizo fotografías.
leopoldo observaba. Sabía que, en ciertos lugares, la crónica empieza cuando ya no es posible escribir.
leopoldo
Añadir comentario
Comentarios