IMPAS II

Publicado el 2 de marzo de 2026, 19:33

Termino de escribir. La explosión ya pasó. También las carreras que vinieron después. Queda un movimiento oculto, algo que conviene atender. Si no lo haces, acaba volviéndose contra ti. Es una fuerza tibia, constante.

 

—Tienes que dejar que fluya —me digo—. Si lo fuerzas, se rompe.

El hachís acompasa los días. Ordena el tiempo lento en el que empiezan a aparecer nuevas historias.

 

Estudio árabe con el profesor Husein.
—Despacio —dice—. Primero escucha la palabra. Luego escríbela.

 

Desayuno pan con aceite, a veces mantequilla y miel cuando hay. Los libros vuelven al Ágora con los bordes manchados.

 

—Otra vez igual, leopoldo —me dice la mujer del mostrador.
—Es señal de uso —le respondo—. Los libros quietos envejecen peor.

 

Trabajo en personajes para un relato largo. Me lleva más tiempo que los cuentos habituales. Cuando me atasco, salgo al mercado con una libreta.

 

—Aquí siempre aparece algo —me digo mientras camino entre los puestos.

 

Dos vermús con ginebra antes de comer. Luego el comedor social. Marco sirve sin preguntar.

 

—Hoy hay lentejas —dice.
—Perfecto —le contesto—. Las lentejas nunca fallan.

 

Por la tarde fumo con Miguel y con Javi.

 

—No escribes, observas demasiado —dice Miguel.
—Es lo mismo —le respondo.

 

Ali, el camarero del bar, vuelve a insistir.

 

—Deja de mear fuera del váter, por favor —dice en voz alta, delante de todos.
—No siempre tienes razón —le digo.
—Siempre limpio yo —responde.

 

Nos quedamos en silencio un momento. Luego cada uno sigue con lo suyo.

 

 

 

leopoldo

 
 

 

 

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