Mi hermano Javier lo dijo una vez:
—Somos hijos de dos enfermos.
—Pues salimos bastante bien.
Lo decía recordando a la Paca en la cocina.
Sus platos tenían composiciones extrañas.
Una lógica propia.
En casa todo funcionaba así.
El Bello también era un enfermo.
Por no decir otra cosa.
Las puntadas que dio —con leopoldo y con otros— no fueron rarezas.
Fueron delitos.
Y también muchas putadas a su propia familia.
Ahora Javi el Bello ha muerto.
Con él se fue su reconocimiento social.
Las cosas cambian.
Mi familia ahora es otra.
Los inmigrantes del barrio.
La gente que llega sin historia aquí.
A ver si Miloud se acordó de comprarme el monedero.
—Eres como mamá con las chicas de servicio —me decía Javier.
La Paca también estaba enferma.
Neurótica.
Depresiva.
Y nosotros crecimos dentro de ese paisaje.
leopoldo
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