Mi Lore

Publicado el 30 de marzo de 2026, 10:48

Escuchar tu voz.

En el tren. Donde sea.

—Hay que comunicar —dijiste—. El estrés, en su justa medida, es bueno.

 

Asentí.

 

Escribo cada día en el blog de Lore.

Ella vive ahí. Es su forma de estar.

Ayuda a otros. Siempre.

—Primero los que empiezan —dice.

Y luego vuelve a lo suyo. A lo que también aprieta.

Tiene obligaciones. No las nombra, pero están.

Y, sin embargo, no falla.

—El gato come —dice—. Eso no se negocia.

Monstruo felino. Me roba tiempo. Algo más.

En el blog escribo sin filtro.

—¿Qué es lo que escribes? —me preguntó Kikón.
—Lo que sale.
—Eso no es alma —dijo—. Es espíritu.

 

No discutí.

 

Hay una mirada. Una luz. Algo que insiste.

Lore trabaja ahí. Sin ruido.

—No pares —me dice—. Aunque no esté claro.

Lo demás se ordena después.

A su ritmo.

Y aun así, lo hace cercano.

—Precio de amigo —dice.

Lo es.

Pero hay algo que no le digo del todo.

—Lore —le dije—, si escribes así, no te preocupes tanto por los demás.
—¿Por qué?
—Porque ya encontraremos cómo seguir.

 

No respondió.

Siguió trabajando.

 

 

leopoldo

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