Lore habla sin elevar la voz.
Ordena las ideas como si ya hubieran pasado antes por su cabeza.
—Si Javi accede, te pediré que le expliques los nuevos gastos como una inversión.
—Mejor te envío la propuesta.
—Y que la vea.
Hace una pausa breve.
—Las reseñas en Amazon son lo que mueve a otros lectores. Sin eso, no hay entrada.
Kiko escucha.
No interrumpe.
—Cuando publicas, el primer círculo es el tuyo.
—Mis lectores no saben ni lo que es Amazon.
Lore no discute.
Ajusta.
—Entonces empieza desde cero. Sin arrastrar lo anterior.
—Métete en una comunidad de lectores y escritores.
—¿Has enviado el libro a la Unión de Escritores?
Silencio.
—Me da pena por los primeros libros.
—Ya. Pero ese estilo no tiene público claro. O no sabemos dónde está.
Lo dice sin dureza.
Pero lo deja dicho.
—Ese tono… el de antes… hace que muchos se aparten. No todos. Pero los que podrían sostener el libro, sí.
Kiko mira a un lado.
—Yo nunca voy a supeditar contenido a ventas.
—Yo tampoco lo haría con lo mío.
Otra pausa.
—Entonces escribe sin esperar retorno.
—Por placer.
Kiko niega.
—Yo quiero vender. Soy viejo.
Lore no suaviza.
—Has publicado mucho. Y cada libro ha salido sin estrategia. Sin trabajo previo de lector. Así no se construye nada.
Kiko insiste.
—No sé renunciar a mi estilo.
—No hace falta renunciar.
—Pero sí decidir para qué escribes cada libro.
El aire queda quieto.
—Un mínimo de ventas necesito.
Lore asiente, pero no concede.
—Aún no sé quién es tu lector. Lo busco y no aparece.
Kiko responde rápido.
—Putas, yonquis, colgados, poetas, trastornados.
Lore no sonríe.
—Si existe ese lector, habrá que encontrarlo.
—Pero no sé si compra.
—Ni si lee.
Kiko baja la voz.
—No solo escribo eso.
—No.
—Pero escribes de una forma que no siempre conecta. Y así no sé cómo se vende.
Kiko corta.
—Escribir para agradar es prostituirse.
Lore no entra.
—Antes de gastar en anuncios, trabaja Amazon.
—Después ya veremos.
Se levantan.
No hay cierre.
Solo un punto donde detenerse.
leopoldo
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