Lore y Paca en Portonovo

Publicado el 16 de abril de 2026, 16:19

El puerto está en calma.
Mesas de madera.
Vino de la casa.

—Paca, tu hijo leopoldo es un sol —dice Lore—. Inmenso.
Se detiene.
—Pero… ¿por qué es tan obsesivo?
—¿Y esos cambios de humor?

No hay reproche.
Hay cansancio.

—Una acaba pensando que es culpa suya.
—Y no.
—Son estados.

Paca no se sorprende.

—Ay, hija… si vieras lo mío.
—Las manías. Las fijaciones.

Mira el plato vacío.

—¿Qué importancia tiene que mi gota no llegue la primera?
—Ninguna.
—Pero ahí está.

Sonríe sin alegría.

—Nunca llegué la primera en nada.
—Bueno, sí.
—En querer a los míos.

Nombra sin orden.

—Chemi. Adolfo.
—Y leopoldo… con lo suyo.

No lo protege.
Tampoco lo niega.

—Una mezcla de defectos Cabanillas.
—Y alguna virtud.

El camarero deja los platos.

—Raxo. Ensalada. Patatas.
—Y el vino.

Comen despacio.

Paca mira a Lore.

—Vamos a ver si lo conoces de verdad.
—Es lo mínimo.

Silencio breve.
Luego, preguntas.

—¿Pescado?
—Caldeirada de la ría.

—¿Carne?
—Solomillo, poco hecho.

—¿Un compañero para un viaje largo por la India?
—Un farero del Gran Sol.

—¿Su pasión?
—El sexo.

—¿El sexo?
—El que se hace con amor.

Paca asiente.

—¿Su gente?
—Los que están fuera.
—Putas, yonquis, colgados.
—Poetas y trastornados.

No hay ironía.

—¿La India?
—El alma.

—¿Un autor?
Leopoldo María Panero.

—¿Un hábito?
—Museos.

—¿Una pasión?
—Su hijo, Santi.

—¿Deporte?
—Rugby. Escalada.

Se acaba el vino.

Paca no mira a Lore.

—Veo que lo conoces.
—Y que lo quieres.

Pausa.

—Entonces, adelante.
—Puedes destrozarte la vida con él.

Levanta el vaso vacío.

—Pero luego no me lo eches en cara.

 

 


leopoldo

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