Somos tres.
Javier, el mayor.
Luego yo.
Y después Chemi.
La distancia entre nosotros es corta.
Un año hacia arriba. Dos hacia abajo.
Eso marca una forma de estar juntos.
Chemi
Chemi siempre ha sido físico.
Cuerpo antes que discurso.
Atleta.
Constante en el esfuerzo.
Irregular en los estudios.
No le interesaban demasiado.
Está casado con Belén, que arrastra una enfermedad neurológica.
Con ella llegó Miguel, médico, a quien Chemi ha hecho suyo sin matices.
No distingue entre vínculo biológico y vínculo real.
Estuvimos juntos en la India, trabajando como voluntarios con
Misioneras de la Caridad.
Ahí se ve bien a una persona.
Sin estructura.
Chemi es directo.
Se parece al tío Adolfo:
deportista, leal, sin doblez.
Jugamos al rugby.
Hicimos montaña.
Comparte sin calcular.
Es abogado.
Ahora está retirado por una cardiopatía.
Javier
Javier entendió antes que nadie cómo moverse.
Aprovechó bien el contexto en el que crecimos.
Sin culpa.
Estudió Derecho y Empresariales en
ICADE.
Construyó una posición estable.
Sólida.
A él le debo un punto de inflexión.
Me sacó de una etapa desordenada
y me llevó al
Colegio Mayor San Pablo.
Ahí estudié Periodismo.
Ahí cambió algo.
Javier tiene disciplina en lo que hace.
También en el deporte.
Tenis.
Revés a dos manos.
Preciso.
Squash.
Intenso.
No hace ruido con lo que tiene.
Pero responde.
Nunca me ha negado ayuda cuando la he pedido.
Está casado con una pintora.
Tienen dos hijas: Arantxa y Paula.
leopoldo
Añadir comentario
Comentarios