En la reunión de vecinos para instalar una silla que salve los tramos de escalera antes del ascensor salió el tema del flamenco.
Es el que pongo.
—Al Camarón de la Isla se le perdona todo —dijo el vecino del quinto.
—Y a Morad también lo escuchas —añadió—. A mí me gusta.
Esperaba una queja.
No llegó.
Hablamos de música.
Más de lo previsto.
Aun así, dije que bajaría el volumen.
José Manuel se emocionó.
—Camarón es mucho.
En el edificio somos cinco.
Uno en el bajo.
Dos que escuchan flamenco en el cuarto y el quinto.
El presidente conduce un autobús.
Lleva la reunión sin tensión.
Hay un vecino al que la silla le hará falta.
Con los años, más.
Vino mi hermano, Javierito.
Puso orden cuando hacía falta.
leopoldo
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