Lobo leyó «Aprender a mirar».
Se detuvo en dos cosas.
El estilo.
Prosa contenida.
Y el contenido.
Sin exceso.
—Antes había ruido —dijo—.
Ahora hay foco.
Mencionó lo evidente.
Dejé atrás lo que ensuciaba la lectura.
—Te quitaba peso —añadió—.
Te daba una etiqueta.
No discutí.
El cambio se nota.
También en cómo entra el texto.
Menos gesto.
Más recorrido.
La prosa sostiene.
El libro respira.
leopoldo
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