Entro en Boandanza.
La tarjeta en la mano.
Marcos vuelve a decir lo mismo.
Que no está.
No levanto la voz.
Pero no cedo.
—Está validada —le digo—.
Lo acabo de hacer.
Hay gente detrás.
Miran.
Fernanda ya lo había confirmado.
Abanca también.
Marcos duda.
Consulta.
Se retrasa.
El sistema siempre llega tarde.
Le enseño el justificante.
El código.
—Mañana —insiste.
Me quedo quieto.
Un segundo más.
—Hoy como —le digo.
No es una amenaza.
Es un hecho.
Pago el día.
Otra vez.
La tarjeta funciona.
Pero no aquí.
No todavía.
Salgo.
Con la sensación conocida.
No es hambre.
Es desgaste.
leopoldo
Añadir comentario
Comentarios