HOLA, PACA.
¿Dónde estás?
Sigo preguntando.
Te imagino en una casa quieta.
Con tus cosas cerca.
Lola.
Los perros.
El chándal.
Los libros abiertos por la mitad.
El humo.
El vaso.
Andabas despacio.
Sin prisa y sin rumbo.
Cuando iba a verte, preguntabas:
—¿Llamamos a Vicky?
Y no llamábamos.
Nunca cocinabas.
Decías que no podías.
Yo pedía una pizza.
Pero pensaba en tu gazpacho.
Siempre.
El sofá era tu sitio.
Ahí pasaban las horas.
Y Málaga quedaba lejos.
El sol.
La risa.
Aquí todo era más cerrado.
Querías a Xeito.
Mucho.
Se parecía a ti.
Callado.
También llamabas a Carlitos.
Demasiado.
El dinero se iba.
Sin darte cuenta.
Antes no mirabas eso.
Luego sí.
Bebías despacio.
Hasta el borde.
Como si no hubiera medida.
A veces poníamos música.
Camarón de la Isla.
Joan Manuel Serrat.
Ahí algo cambiaba.
Un poco.
Las plantas llenaban la casa.
Como si quisieran abrirla.
Un bosque pequeño.
Para sostenerte.
No sé dónde estás.
Pero vuelvo a eso.
A lo que sí recuerdo.
leopoldo
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