Fui a Chefchaouen.
El pueblo de Mohamed.
Una semana con su familia.
Sin prisa.
Casa abierta.
Comida.
Lengua compartida a medias.
Llegó el día de irme.
Hablé con Amira.
Su madre.
Probé en árabe.
Con lo que tengo.
—Ana abdy Abderraman… —dije—.
Soy el padre de Abderramán.
—Wa ana abdy Mohamed.
También de Mohamed.
Se rieron.
Me dejaron seguir.
—Anti ommi Abderraman wa Mohamed.
Tú eres su madre.
Asintió.
—Wa anti zawjti…
Entonces, mi esposa.
Risas.
No por la frase.
Por el intento.
Ahí entendí algo.
La familia no siempre se explica.
Se reconoce.
leopoldo
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