La gente rota me cae mejor

Publicado el 26 de mayo de 2026, 18:13

Cada vez me interesa menos la gente perfecta.

Desconfío de quien siempre sabe qué decir.
De quien jamás se contradice.
De quien convierte la vida en una estrategia de imagen.

Prefiero a los rotos.

A los que llegan tarde.
A los que tiemblan un poco.
A los que no encajan.

 

En el comedor social hay más verdad que en muchas cenas elegantes.

Un ciego que comparte conversación.
Un inmigrante que deja dinero para tabaco y café.
Una camarera agotada que aun así sonríe.

Eso es humanidad.

Lo otro suele ser marketing.

 

Vivimos en un tiempo obsesionado con aparentar equilibrio.

Pero casi nadie está bien.

Solo lo disimulan mejor.

Ansiedad.
Pastillas para dormir.
Alcohol.
Soledad.

Todo oculto detrás de frases motivacionales y fotos felices.

 

Yo ya no puedo fingir demasiado.

El traumatismo craneal me dejó demasiadas grietas.

Las llaves.
La memoria.
Los bloqueos.

Y también cierta claridad.

Comprendí que la fragilidad une más que el éxito.

 

Por eso sigo escribiendo.

Porque cuando alguien roto lee a otro roto y se reconoce, ocurre algo importante:

durante unos segundos deja de sentirse solo.

Y eso quizá sea la literatura.

No prestigio.
No premios.

Compañía.

 

Mi hijo Santi me enseñó eso sin saberlo.

Mirar sin juzgar.

Aceptar ritmos distintos.

Entender que una persona vale por existir, no por producir.

 

A veces pienso que el mundo sería mejor si se escuchara más a los vulnerables.

A los discapacitados.
A los pobres.
A los enfermos mentales.

Ellos todavía saben algo que los demás han olvidado:

que necesitamos unos de otros.

 

Yo sigo aquí.

Escribiendo desde el borde.

Sin dar lecciones.

Solo contando lo que veo.

 

leopoldo

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios