Venancio se ocupará de lo más importante: la herencia de Santi.
Una herencia que será importante y que quedará administrada por su hermana Julia, encargada de velar por su futuro y estabilidad.
Por mi parte, la primera cantidad que recibiré procederá de unas fincas heredadas.
50.000 euros.
Y ya sé casi exactamente qué haré con ellos.
—20.000 para Hicham, cumpliendo así la cantidad que le tengo prometida.
—2.000 para Lore, por la edición del libro de la Paca.
—2.000 para Santi, para saldar antiguas deudas.
—1.000 extra para Hicham.
—1.400 para Hacienda, que primero me devolverá dinero para luego volver a reclamarlo mediante la Declaración Patrimonial.
La vida tiene estas ironías.
No hace tantos años yo era redactor en La Voz de Galicia de Santa Eugenia de Ribeira.
Esperaba ilusionado la devolución de Hacienda, que completaba perfectamente mi sueldo y me hacía sentir un joven periodista con toda la vida por delante.
Ahora soy pensionista, escritor y superviviente de un traumatismo craneal.
Y me enfrento a conceptos extraños: abogados, herencias, declaraciones patrimoniales y fincas.
La vida cambia de escenario sin avisar.
Pero hay algo que tengo claro:
el dinero solo tiene sentido cuando sirve para mejorar la vida de alguien.
Para cuidar.
Para sostener.
Para ayudar.
Lo demás son números.
leopoldo
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