Venezuela y Colombia han vuelto a temblar.
Las primeras noticias hablan de miles de muertos, ciudades derruidas y familias que aún buscan a los suyos. Ni siquiera existe un recuento fiable. En medio del caos, cientos de nombres siguen sin respuesta.
Un terremoto lo interrumpe todo: una conversación, una comida, un proyecto. De pronto, una casa deja de ser una casa. Los planes no se aplazan. Desaparecen.
Hay quien habla de la venganza de la Madre Tierra. La tierra, sin embargo, no castiga ni perdona. Se mueve. Somos nosotros quienes vivimos como si nada pudiera alcanzarnos.
Contaminamos el aire. Incendiamos los bosques. Ocupamos cauces. Degradamos el suelo y luego hablamos de fatalidad, como si nuestras decisiones nunca agravaran las consecuencias.
No podemos impedir que la tierra tiemble. Podemos evitar que el abandono, la codicia y la falta de prevención multipliquen los muertos.
Educación cívica. Responsabilidad.
Ya está bien.
leopoldo
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