Zyprexa.
Diez miligramos cada noche,
en mi caso.
Química neurológica
que, unida al paso del tiempo,
ha contribuido a las mejorías
después del traumatismo craneal
que sufrí hace más de treinta años.
Me quedan las mioclonías
y la pérdida de equilibrio.
No parece mucho escrito así.
Recuperarme fue como una escalada de séptimo grado.
Hubo momentos en que me fallaron las fuerzas
y confundí la ayuda con el exceso.
En vez de una cápsula antes de dormir
llegué a tomarme cuatro.
Aquello terminó, un par de veces,
en el hospital.
A la medicación añadí el hachís,
«la medicina del alma»,
como dice Musta.
Me relaja.
Me ayuda a comer
y a dormir.
El deporte también fue decisivo.
Ahora hago cuatrocientos fondos
nada más levantarme
y camino unas dos horas diarias.
Luego puedo caerme en la calle,
pero esa es otra cuestión.
Hoy tengo que ir a la farmacia
con la tarjeta sanitaria.
Me darán Zyprexa para veintiocho días.
Después tendré que subir a casa
para dejar la caja,
porque llevarla en el bolsillo
es un incordio.
Pago cinco euros y pico.
Para las personas dependientes
está financiada por la Xunta.
La vida también consiste en esto:
una tarjeta,
una caja para veintiocho noches
y la obligación de seguir cuidándose.
leopoldo
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