He cenado alubias estofadas
y boquerones con cebolla.
Ilias me ha traído los cinco porros diarios.
He procedido a fumármelos
con esa disciplina que conservo
para las cosas menos recomendables.
Ahora escribo espatarrado en la cama.
La discusión comienza con las ventanas.
Yo las cierro para no pasar frío.
Hicham entra en el salón con paso marcial
y vuelve a abrirlas.
—Hicham, me muero de frío.
Deja las putas ventanas cerradas.
—Con las ventanas cerradas huele muy mal.
Es mejor que corra el aire. Ponte un pantalón.
No comprendo que uno tenga que abrigarse
dentro de su propia casa.
Pero cedo.
La convivencia consiste muchas veces en eso:
tener razón
y quedarse helado.
Entre el hachís y la escritura
el frío no desaparece,
aunque se vuelve soportable.
Recuerdo las noches en la montaña,
cuando vivaqueaba
y el cuerpo todavía aceptaba cualquier cosa.
Sí, Kiko.
Pero ahora tienes casa
y sesenta años.
Habrá que cuidarse.
leopoldo
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