He pasado la mañana estudiando
en la sala de lectura del centro Boandanza.
Antes de llegar me he caído en la calle.
Me he recuperado ipso facto,
o eso he querido creer.
Después de comer, Javi no tenía hachís.
Nueva caída.
Esta vez me ha levantado
Javi-el-mendigo
y, como yo todavía no estaba muy seguro
de pertenecer al mundo vertical,
me ha llevado hasta casa
apoyado en su hombro.
Quise agradecérselo invitándolo a un porro.
Llamé a Ilias.
—¿Hay hachís en casa?
—Arriba missa.
No entendí nada,
pero decidí que aquello significaba que no.
Me despedí de Javi,
que se marchó a ver a su hija.
Al subir pregunté de nuevo por el chocolate.
—Arriba missa —repitió Ilias.
Entonces lo comprendí:
«Arriba de la mesa».
Sentí mucho que Javi no hubiera subido conmigo.
Aunque antes de marcharse
me había dejado una promesa:
—Mañana traigo yo hachís.
Hay amistades que se sostienen
sobre frases sencillas.
leopoldo
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