Equipo al trueque

Publicado el 26 de septiembre de 2026, 19:58

Después de meditar seriamente sobre el sistema adecuado para seguir escribiendo sin verme obligado a ejercer la mendicidad, la Lore y yo hemos encontrado la solución.

El trueque.

Queda constituido, por tanto, el Equipo al Trueque.

Lo formamos Leopoldo, la Lore y Juan Carlos.

Las funciones están perfectamente delimitadas.

Leopoldo, el menor de los Panero, se encargará de parir poesía.

La Lore editará lo que Leopoldo haya parido. Narrativa también, porque tampoco conviene poner límites a una empresa que acaba de empezar.

Y Juan Carlos, presidente de la UNEE, asumirá una responsabilidad aparentemente menor, pero decisiva: procurar que a Leopoldo no le falten el hachís ni las galletitas saladas.

—¿Y yo solo hago eso? —pregunta Juan Carlos.

—Solo, no. Sin ti se hunde el proyecto.

Porque Leopoldo creará.

La Lore reescribirá.

Y Juan Carlos garantizará las condiciones materiales necesarias para que ambas cosas sucedan.

Puede parecer irrelevante su cometido.

No lo es.

El cannabis proporcionará la atmósfera adecuada para parir literatura.

Y, al final de cada folio:

GALLETITA SALADA.

El drogadicto de Leopoldo —bulímico también— ingerirá así el espíritu necesario. Su alma quedará ahíta de lirismo.

Y todo el mundo sabe que un alma ahíta de lirismo escribe como Dios.

De modo que Juan Carlos será el responsable del suministro del bocatto di cardinale.

Hachís.

Galletitas.

Dos inputs fundamentales del proceso creativo.

—¿Y tú qué haces? —me pregunta la Lore.

—Yo traduzco el espíritu en literatura.

No parece poco.

Concluida la poesía, quedará todavía una última tarea: vender los libros.

De eso se ocupará Amazon.

El sistema queda, pues, perfectamente organizado:

Juan Carlos suministra.

Leopoldo escribe.

La Lore arregla.

Amazon vende.

Y nadie cobra a nadie.

Somos el equipo perfecto.

Sin duda causaremos congoja, estupor y, con un poco de suerte, pasión.

 

leopoldo

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