Camarón

Publicado el 30 de septiembre de 2026, 8:08

Pongo a Camarón.

No para escucharlo de fondo.
A Camarón no se le puede hacer eso.

«La Virgen María me hizo una corona
que llegó hasta el cielo».

Y uno ya está dentro.

«Eran los dos canasteros».

«Tiri, tiri, tirititando de frío».

Entonces entra Tomatito:

—¡Olé!

Y basta.

Hay músicos que acompañan y músicos que saben cuándo tienen que desaparecer.

Paco de Lucía es otra cosa. Más clásico. Más limpio. Quizá perfecto.

Pero Tomatito tiene algo que no sé explicar.

Duende, dicen.

Será eso.

Sigo escuchando.

«Cuando sales a la calle
todo el mundo te piropea».

Después:

«Y todo me parece poco».

«Dueño. Soy tu dueño.
Me quitas el sueño».

«Tu boca es mi perdición».

No hace falta entender de flamenco para entender ciertas cosas.

«Tú te fuiste al alba».

La guitarra sigue.

«Y ya no me cantes, guitarra.
No pares tu sonsonete…
Y no quiero morir soñando».

Y entonces ese quejío:

«Aaaaay, aaaay, aaaay».

Hay voces que cantan.

La de Camarón parece acordarse de algo.

«Salgo de mi casa andando».

«Y la brisa de la mañana.
Y cuando el sol me anda apuntando».

Lo escucho desde mi casa del Ventorrillo.

Han pasado los años.
Camarón está muerto.
Paco sigue siendo Paco.
Tomatito sigue teniendo duende.

Y yo sigo poniendo a Camarón.

Qué quieren que les diga.

ES EL DIOS.

 

leopoldo

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