Desembarco

Publicado el 3 de octubre de 2026, 21:01

Me despierto tardísimo.

Las 7.15.

Cumplo con mis cuatrocientos fondos y leo unas páginas de una novela histórica que me está costando acabar.

Después escribo.

Y de nuevo mi vida cobra sentido.

Para recuperarme, leo El 50 del 50, la antología de Vicente Gallego.

Dentro de una hora tendré que ir a la farmacia a buscar mi medicación neurológica.

Me preocupa que la receta no esté subida.

Antes, cuando ocurría, llamaba al doctor Vaamonde.

—Pablo, no está la receta.

Cinco minutos después estaba.

Pero Pablo se ha jubilado.

Ahora tengo otra médica de cabecera. Apenas la conozco y todavía no existe esa confianza que tarda años en construirse y cinco minutos en resolver una receta.

Esté o no esté la medicación, después me iré a la biblioteca del Boandanza.

—Hola, Javi. ¿Cómo estás?

Saludo al conserje y me instalo.

Leo la prensa en internet: La Voz de Galicia, El País, El Mundo, La Opinión.

Después buceo.

Guerras.

Y marginales.

Putas, yonquis y colgaos.

Poetas y trastornaos.

Nunca he sabido muy bien dónde termina un grupo y empieza el siguiente.

Luego estudio idiomas.

Francés.
Portugués.
Árabe.
Inglés.

Tengo más idiomas que conversaciones.

Y así, poco a poco, llega la una.

Hora de comer en el refectorio social.

Me siento, como siempre, con Santi, que es ciego y llega de la mano de Moncho.

La comida es muy sana.

Y claramente insuficiente.

No todo puede ser perfecto.

Después vuelvo a la biblioteca y estudio un par de horas más.

Regreso a mi casa del Ventorrillo.

Ilias ya ha vuelto de la Escuela de Idiomas y le doy su clase de español.

Repasamos la teoría.

Hacemos los ejercicios.

Él aprende español.

Yo estudio francés, portugués, árabe e inglés.

Supongo que cada uno anda buscando su sitio en alguna lengua.

Después leo narrativa.

Antes de dormir, poesía.

A las diez ya estoy en el sobre.

Mañana, si todo va bien, volveré a despertarme tardísimo.

A las 7.15.

 

leopoldo

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