Zambrano

Publicado el 18 de octubre de 2026, 16:48

María Zambrano vive entre la poesía y la filosofía.

O quizá sea más exacto decir que nunca aceptó del todo la frontera que las separa.

Hay filósofos que razonan.

Poetas que sienten.

Y algunos seres excepcionales que consiguen pensar sin renunciar al misterio.

Zambrano pertenece a estos últimos.

Trasciende la poesía.

Versifica el conocimiento.

En Claros del bosque, una de sus obras esenciales, el pensamiento deja de avanzar en línea recta.

Se detiene.

Escucha.

Se adentra en la oscuridad.

Y espera.

Porque hay verdades que no se alcanzan mediante la razón que pretende explicarlo todo.

Hay que dejar que aparezcan.

Eso es, en parte, su razón poética.

Una forma de conocimiento que no renuncia a la inteligencia, pero tampoco desprecia la intuición, el silencio o aquello que apenas puede expresarse con palabras.

Leo a Zambrano y tengo la impresión de que la filosofía, por una vez, ha dejado de querer demostrar algo.

Quiere comprender.

Y para comprender necesita a la poesía.

Quizá por eso me interesa tanto.

Porque llevo años buscando en los versos algo que nunca he encontrado del todo en las explicaciones.

Zambrano no escribe poemas para dejar de filosofar.

Hace algo bastante más difícil.

Consigue que el pensamiento tenga alma.

 

leopoldo

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