No a los barbitúricos

Publicado el 24 de marzo de 2026, 9:53

Aperitivo de droga. Cannabis y cerveza en la puerta del comedor social.

Llegó un argelino, nervioso. Buscaba pastillas.

Fernando se adelantó.
«Seis euros cada caja. Mi mujer, Lorena, va a casa y te las trae».

«¿Cuántas quieres?».
«Tres», dijo.
«Voy con ella», añadió.

Fernando negó con la cabeza.
«Tú espera. Ahora viene Lore».

Pasó un rato. Lore volvió con las cajas.

El argelino alargó la mano. Fernando la apartó.
«Primero el dinero. Tres cajas son dieciocho euros».

El otro miró una de las cajas.
«A esta le falta una tableta».

Fernando abrió otra.
«Te doy de esta. Es lo mismo».
Señaló el prospecto.
«Mira. La misma composición».

«No. No. Es distinto nombre», dijo Abderramán.

Fernando insistió, seco.
«Lo que importa es esto: diazepam».

Hubo una pausa breve.
El hombre dudó. Luego sacó una billetera gastada y contó el dinero.

Fernando lo tomó.
Y, sin decir nada, le dejó también la última caja.

El argelino se fue. Tranquilo ahora. Casi agradecido.

Yo conocía demasiado bien esa sustancia.

 

 

leopoldo

 
 

 

 

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