«¿De dónde eres?», le preguntan.
«De Rabat», responde Mohamed.
«Llevo tres años aquí».
«¿Dónde vives?».
«En A Coruña.
En el barrio de Sagrada Familia».
Pausa.
«Voy a la biblioteca».
«Allí aprendí español».
«¿Con quién?».
«Con Kiko».
«Sigo con él».
Asienten.
«¿Y los papeles?».
«Senvalos me ayudó».
«Tengo padrón».
«Estoy tramitando residencia y trabajo».
«Después, la nacionalidad».
Silencio breve.
«¿De qué vives?».
Mohamed mira un momento al suelo.
«De lo que sale».
Nadie insiste.
«En temporada voy a Huelva», añade.
«A la fresa».
«¿La policía?».
«Me conocen».
«Pero no me han encontrado nada».
Pausa.
«¿Tu familia?».
«En Rabat».
«Mis padres. Cinco hermanos».
«¿Les ayudas?».
«Cada mes».
Silencio.
«Quiero un coche», dice.
«De segunda mano».
«¿Para qué?».
«Para moverme más».
«Trabajar mejor».
No concreta.
«También quiero estudiar», añade.
«Ser médico. O abogado».
«¿Por qué?».
«Para ganar dinero».
«Y sacar a mi familia de allí».
Pausa.
«¿Y Elisa?», pregunta alguien.
Mohamed tarda en responder.
«La dejé».
«Era mejor así».
Silencio largo.
«¿Integración?», dice uno.
Mohamed no contesta.
leopoldo
Añadir comentario
Comentarios