«Estoy muy contento», dijo Ousamma.
«Me ducho y me voy a cenar».
«Me han invitado por el fin del Ramadán».
Asentí.
«Ha sido duro», añadió.
«Sin comer ni beber con sol».
«Cinco oraciones al día».
«Se nota», le dije.
«Estabais apagados».
«Es normal», respondió.
«Ayuno. Poco sueño».
Pausa.
«Pero por la noche…», sonrió.
«Cenamos bien».
«Y hay dulces».
«Se ve», dije.
Silencio breve.
«Es un tiempo de recogimiento», continuó.
«De ordenar».
«Yo no lo sigo», le dije.
«Me limita al escribir».
«Algún día sí lo has hecho».
«Sí», respondí.
«Y todo va más lento».
«Como si el cuerpo quedara atrás».
Ousamma no dijo nada.
«He rezado con vosotros», añadí.
«Alguna vez».
«¿Y?».
«Se detiene todo».
«Y queda algo más».
Asintió.
«Hicham ha perdido peso», le dije.
«Cinco o seis kilos».
«Y Miloud», respondió,
«de mal humor».
Los dos sonreímos.
«Ahora ya coméis», dije.
«Ahora sí», respondió.
«Y bebemos».
Pausa.
«Con ganas».
leopoldo
Añadir comentario
Comentarios